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sábado, 3 de enero de 2009

La giganta de jocoro



La giganta de Jocoro

Entre las aguas termales del río Agua Caliente se esconde una cueva a la que se le atribuye la leyenda de un sacerdote, que, según algunos lugareños, maldijo el pueblo sonsonateco de Caluco.

fuente: diario de oriente

la giganta celebrará su primer siglo de existencia en 2008. Surgió a raíz de una creencia popular que, poco a poco, se sumó al folklore de Jocoro. Foto diario de oriente/ flor lazo

Las calles de Jocoro aún guardan el encanto de antaño. Quienes las visitan aún pueden contemplar a los pobladores del lugar desplazarse a ca-ballo o en carreta, o admirar las casas antiguas que conservan los balcones forjados y techos de teja.

Este tranquilo pueblo fue el lugar elegido para ‘nacer’ por uno de los personaje salvadoreño más reconocidos: la Gi-ganta. No es de extrañar que sus pobladores estén orgullosos de esta tradición que se ha perpetuado de generación en generación.

La Giganta de Jocoro es la consentida en los desfiles de las fiestas patronales de todo el país. Con su enorme cuerpo de tres metros de alto, que se bambolea al compás de la música, y siempre engalanada con vestidos multicolores, este personaje se encarga de repartir alegría a su paso.

Se trata de una figura mitológica que nació, hace casi un siglo de una creencia popular. Poco a poco, se transformó en parte del folklore local y no tardó en dar un salto cualitativo para convertirse en una personalidad tan famosa como El Cipitío o la Siguanaba.

La versión más aceptada entre sus ‘admiradores’ cuenta que en los albores del pasado siglo (en 1908 para ser exactos), en un remoto lugar del cantón San José de Jocoro, se encontró la osamenta de un ser humano que media casi tres metros. Desde entonces los lugareños llamaron a ese sitio desvío ‘El Gigante’.

El extraño hallazgo llegó a oídos del alcalde de esa época, a quien inmediatamente se le ocurrió hacer algo provechoso con el rumor y decidió que cuando se celebraran las fiestas patronales del pueblo, un nuevo personaje se encargaría de desfilar por las principales calles.

Para concretar su idea, el edil solicitó la ayuda de uno de los artesanos del lugar que construyó la primera máscara de madera, con fisonomía de mujer, que unida a una armazón de tres metros y una colorida vestimenta dieron vida a la primera Giganta de Jocoro.

De ahí en adelante, esta figura recorrió las vías del pueblo cada tres de enero, siempre acompañada de los niños que bailaban y correteaban a su alrededor. A mediados del siglo pasado la fama de La Gigantona logró traspasar los límites del pueblo que le dio vida para convertirse en una de las figuras principales en los desfiles de fiestas patronales.

En la actualidad, la famosa figura es manejada por Demetrio Lazo y su familia. Este hombre de 72 años recibió el encargo como una herencia de su suegro, quien fue el responsable de mantenerla durante casi medio siglo. “Don Neftalí Hernández me dijo que ahora yo tenía el compromiso de no dejar que esta tradición se perdiera”, narra con voz pausada.

Demetrio Lazo afirma que con “su querida Gigantona” ha visitado casi todos los pueblos de El Salvador y ha sido testigo de diversos acontecimientos que ya forman parte de la historia nacional.
El septuagenario recuerda que “durante la guerra, allá por los 80, nos llamaron para que amenizáramos las fiestas patronales de Anamorós. En uno de los cerros que rodea el pueblo estaban los grupos guerrilleros y en otro estaba el ejercito, al final todos se juntaron en la plaza para bailar con la Gigantona”.

Por ahora, La Giganta de Jocoro tiene una apretada agenda que la obliga a tener varias dobles, una corte de enmascarados y un conjunto musical que la acompañan a todas las celebraciones y fiestas patronales que solicitan su presencia.

Según la persona que vela por este personaje, el futuro de esta tradición ya esta asegurado. Su hijo Mario conoce todo lo necesario para hacerse cargo del manejo de la figura y poder perpetuar la imagen de una estampa que cumplirá cien años en el 2008.